Libro del mes

Los niños del Brogo Vecchio, de Giosuè Calaciura

Los niños del Brogo Vecchio, de Giosuè Calaciura

Si hay una imagen que pueda resumir la historia de Los niños del Borgo Vecchio además de su portada, que nos remite a los personajes de la novela y el espacio en el que viven, sería el Cristo de la Buchería del pintor Miquel Barceló. Una pintura que realizó en la derruida iglesia cercana al mercado que da nombre al barrio, también en la ciudad de Palermo. La exposición del pintor mallorquín recreaba una espiritualidad pagana y hasta brutal, la iglesia en ruinas había servido de burdel, como lugar para tener las caballerías y fue utilizada por  los traficantes de droga.  La negrura, la intensidad de sus  pinturas, nos adentraban en la espesura de un barrio en pleno corazón de la ciudad no muy distante del mar. Exactamente igual que el de Borgo Vecchio que tan minuciosa y profundamente  nos describe Giosuè Calaciura, exactamente el mismo paisaje, la misma crudeza, la misma ciudad.

No sabemos muy bien la época en la que transcurre el relato, pero probablemente esté muy cercana a la infancia o adolescencia del autor. El indicio de esta suposición es el caballo Naná, el paseo en carro por entre las calles del barrio. Pero la época no importa mucho, la esencia de la historia que nos cuenta Calaciura  está en las vicisitudes de la vida de los protagonistas y los habitantes de Borgo Vecchio. Los tres niños Mimmo, Cristofaro y Celeste son testigos de una realidad cruel que inunda las paredes de ese tenebroso espacio en la ciudad de Palermo. Sólo el aroma del pan y la toma de conciencia de un delincuente común como Totò  que asoman entre las crudas páginas de la novela y la ternura de la mirada de Mimmo, el narrador, nos muestran los vestigios de un rayo de luz entre las sombras. Así es la vida, así de dura y lacerante para los habitantes del barrio.

Una novela intensa, de lectura rápida, escrita con sentimiento y precisión porque no se explaya en adjetivos elocuentes y excesivos para transportarnos al mundo que quiere describirnos.  Una prosa realista con tintes poéticos que no nos alejan ni un momento del centro de atención: “Y descubrieron en éxtasis lo largas que eran veinticuatro horas. Y en su recuerdo minucioso, segundo tras segundo, sentían como se esfumaba toda la belleza de la vida”. Calaciura escribe con fuerza y claridad, dibuja un cuadro que va más allá de la pura imaginación de la ficción, su escritura nos remite al Naguib Mahfouz del “Callejón de los milagros”. De igual manera que leyendo las novelas del Nobel egipcio nos daba la impresión de pasearnos por el Cairo,  en Los niños del Borgo Vecchio sentimos como paseamos por Palermo.

El lector recorrerá las calles y las tiendas de Borgo Vecchio, observará con detalle que las rodajas de mortadela se ajusten al peso del pedido, olerá la brisa del mar y el pan recién hecho, sentirá los golpes que recibe Cristofaro y el olor a alcohol que despide su padre borracho, se asomará al balcón en el que permanece  Celeste cuando su madre Carmela, la prostituta del barrio,  recibe a sus clientes, correrá con Totò huyendo de la policía,  y comprenderá con Carmela, después de la traición,  que la masacre no puede digerirse. Una pintura negra, que nos transporta hasta la imagen terrible de Saturno devorando a su hijo, hasta las cruentas pinturas de Barceló en Palermo.  Sin embargo, entre las desgracias siempre hay una rendija por la que se cuela la perspectiva de algo mejor. Los niños del Borgo Vecchio no es una novela sobre lo fatídico, entre sus páginas no exentas de poesía se encuentra un  halo esperanzador, el que viene de la mano de los que escapan por voluntad propia  de la sordidez y el dolor que conlleva.

Lourdes Rubio, viajera, periodista y crítica literaria.

Ficha técnica

  • LOS NIÑOS DEL BORGO VECCHIO
    Titulo del libro
    LOS NIÑOS DEL BORGO VECCHIO
    CALACIURA, GIOSUÈ
    La novela que está conmoviendo a media Europa. Entre la realidad y la fantasía se alza ante nosotros un territorio f...
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