Un narrador (¿narradora, narradores?) que es al mismo tiempo la humanidad y que no puede pronunciar
su nombre, describe, con la crudeza del que admite la muerte como parte ineludible de su existir,
una sucesión de estados de ánimo y situaciones en la que se alternan el testimonio atroz, y lírico, de
quien es espectador de la guerra, de sus perversiones, ruinas y masacres, con el enfrentamiento a la
muerte en soledad. El asesinato, inscrito en la vida.
Collobert prescinde de nombres propios, géneros y localizaciones precisas. El telón de fondo sobre el
que se desarrolla Asesinato puede ser cualquier país, cualquier hogar, tu vida misma, no hay un lugar en
el que nadie pueda estar a resguardo de la muerte.